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turistas se alojan en casas de familia y departamentos
Muchos extranjeros los prefieren a un hotel
por precio y comodidad, o para relacionarse mejor
con los porteños. A estos alojamientos
no tradicionales se suman las casas de tango y
los motorhomes.
Esta casa "se vive". El timbre
suena seguido, y entran y salen chicos jóvenes,
todos increíblemente rubios y de ojos clarísimos.
El punto de reunión es el jardín
de invierno, donde están tomando café
y dispuestos a disfrutar un enorme lemon pie.
En un espectacular departamento en el medio de
Barrio Norte, ellos hablan una lengua extraña,
que suena a nórdica. Pero están
en su casa. O al menos por un mes, que es el tiempo
que van a pasar de vacaciones en Buenos Aires.
Vinieron de Estocolmo, pero eligieron vivir aquí
como si estuvieran en su Suecia natal.
"Me fui el fin de semana a Punta del Este
y cuando volví sentí que estaba
en mi casa. Esto es un hogar", explica ahora
en inglés Richard, un chef alto y simpático
que es la voz cantante del grupo. Llegó
con diez amigos y, en vez de irse a un hotel o
un hostel, se alojaron en tres departamentos.
Como ellos, cada vez más turistas eligen
los alojamientos menos tradicionales: departamentos,
casas de familia, casas de tango y hasta motorhomes.
Si bien no hay cifras oficiales (ver Hostels),
rastreando las páginas de Internet que
ofrecen estos servicios Clarín pudo contabilizar
casi 600 departamentos en alquiler, todos equipados
con muebles, electrodomésticos, vajilla
y ropa de blanco. Esta forma de hospedaje, común
en Estados Unidos y Europa, registró un
crecimiento notorio con el boom turístico.
"Antes de la devaluación, los elegían
los ejecutivos que venían por trabajo.
Ahora son muy pedidos por los turistas, porque
tienen muchas ventajas por sobre un hotel",
detalla Marcela Picca, responsable de BAHouse,
una red con 100 departamentos. Matías Pico,
de Friendly Appartments, coincide: "Es una
modalidad que va a funcionar muy bien en el futuro".
Este fenómeno se da en un contexto de
ocupación hotelera récord en la
Ciudad. Los hoteles de cinco estrellas tuvieron
en enero una ocupación de entre el 60 y
el 70%, la mejor de los últimos cinco años.
¿Por qué hay turistas que prefieren
alojarse en un departamento? Para tener más
privacidad, poder manejar sus tiempos (sin horarios
de desayuno, por ejemplo), cocinarse la comida,
disponer de más espacio, invitar gente
y organizar reuniones. Los americanos buscan edificios
con infraestructura (pileta, solarium) y los europeos,
los más antiguos. ¿Los barrios más
solicitados? Palermo, Barrio Norte, Recoleta y
Belgrano.
Los valores de las viviendas varían según
la ubicación y las comodidades. Pero, en
promedio, un ambiente cuesta desde 300 dólares
por mes, con los servicios incluidos y mucama
una vez por semana. "Para ellos es muy accesible
comparado con un hotel. Y quien pone una propiedad
en alquiler tiene una rentabilidad mayor que si
lo alquilara en el mercado local", señala
Alberto Serebrisky, de la firma Buenos Aires Rent.
Para los dueños, otra ventaja es el corto
tiempo del alquiler: se pacta desde una semana
a seis meses. Y en promedio, descontando gastos
y comisiones, la rentabilidad ronda el 60% del
ingreso (ver Cómo...).
Estos hospedajes también crean relaciones
curiosas. Con el dinero de un retiro voluntario,
hace tres años Graciela Zamboni empezó
a armar Alquiler en Baires, un emprendimiento
familiar que hoy cuenta con nueve departamentos.
Dice que "esto representa un ingreso económico,
pero también es una posibilidad de tomar
contacto con otra gente y generar un lindo vínculo.
En una Navidad, tuvimos dos pasajeros que estaban
solos y los invitamos a compartir la Nochebuena
con nuestra familia. Y a otros les festejamos
el cumpleaños".
Pero el contacto más íntimo se
da en las casas de familia. Esto es, alquilar
una habitación de la vivienda de uno a
un huésped y compartir con él o
ella los espacios comunes: la cocina, el baño,
el living. Con reglas claras, para mantener una
convivencia armónica. "En cuatro años,
nunca tuve problemas. Recibí a un montón
de personas y fueron todas experiencias positivas",
asegura Cristina Aquino, una profesional de 55
años que habitualmente abre a turistas
las puertas de su tres ambientes en Recoleta.
"Casi todos los meses tengo una persona unos
diez días, en su mayoría son profesionales
o jubilados que les gusta convivir con la gente
del lugar —agrega Cristina—. Es una
fuente de ingresos relativa, pero te ayuda".
La necesidad económica fue también
el motor que llevó a Pilar Segura, una
psicóloga apasionada del tango, a rentar
habitaciones de su enorme casa en Almagro. Pero
el hogar de Pilar tiene sus particularidades:
es una de las diez casas de tango que hay en la
Ciudad. Allí se escucha, se baila y se
respira tango. Y no se habla de otra cosa. "Los
milongueros somos muy fanáticos. Este es
un ámbito perfecto. Tomamos clases y vamos
a milongas", cuenta Oscar, nacido en Parque
Patricios y residente desde hace 15 años
en Toronto, mientras espera que su mujer, canadiense
ella, termine su clase de yoga "para estirarse
y hacer mejor las figuras". A su lado, y
bajo la sombra del patio de la casa, Nicolai ("ciudadano
del mundo", dice sobre su origen) resume
la fascinación extrema que ejerce el tango
y que puede hacer que en sus vacaciones alguien
se interne en esta "clínica"
para enfermos del dos por cuatro. "Es una
conexión con otro ser humano a través
de la alegría de la música",
sentencia este ingeniero que se hospeda por cuarta
vez en lo de Pilar. "Mis visitantes son todos
profesionales, mayores de 40 años",
detalla la dueña de casa.
Pero si de alojamientos alternativos se trata,
los más curiosos son los motorhomes, que
se pueden alquilar desde 230 dólares los
mil kilómetros. "La gente
los pide, pero para ir al interior. No tuvimos
ningún caso acá", cuenta Alda
Laura Miccolis, de Alojargentina, que también
alquila departamentos y casas de familia.
Todas nuevas opciones, que crecen al ritmo del
boom turístico.
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